Si pensamos en nuestro viaje a Omán, nos vienen a la cabeza los niños jugando en las dunas, las noches en la tienda y las tortugas de las islas Dimaniyat. También el frío que pasamos en la montaña y algún lugar que nos gustó menos de lo que esperábamos. Hubo un poco de todo.
Fuimos en enero de 2026 con nuestros hijos de tres y seis años. El viaje duró 16 días, diez de ellos con un Mitsubishi Pajero con tienda de techo para los cuatro. Esa fue nuestra manera de recorrer la costa, los wadis, el desierto y el interior.
Si os planteáis viajar a Omán con niños, queremos contaros qué nos gustó de esa experiencia y qué valoraríamos antes de elegir un viaje parecido.
Entre una visita y otra, tiempo para jugar
Nos gustó cambiar de paisaje durante la ruta. Un día estábamos junto al mar y otro entre dunas. Pero también queríamos dejar sitio para las tardes de playa, los juegos y el descanso.
Eso lo repetiríamos. Podemos preparar una ruta con lugares que nos apetecen mucho, pero dejar tiempo para estar allí nos parece igual de importante. Los ratos de juego en las dunas formaron parte del viaje tanto como las visitas.
Nuestra casa fue el 4×4
Dormimos en la tienda de techo y organizamos parte de las comidas con el equipo del coche. Nos gustó unir así paisajes muy diferentes, aunque viajar de esta manera también implica preparar cada noche y compartir el espacio.
En la costa tuvimos temperaturas agradables. En la montaña, en cambio, pasamos mucho frío y viento. Lo contamos porque al pensar en Omán es fácil imaginar solo el desierto y el calor. El abrigo también tuvo su sitio en nuestro equipaje.

Las dunas y el mar
Pasear entre las dunas blancas de Sugar Dunes, con el mar tan cerca, fue uno de nuestros grandes recuerdos. Nos gustó quedarnos y ver cómo cambiaba la luz.
Para los niños hubo arena y tiempo para jugar. Para nosotros, la sensación de que no hacía falta enlazar otra visita para disfrutar de la tarde.
Son entornos donde hay que respetar accesos, condiciones y señalización. Cerca del mar importan la marea y la supervisión; una fotografía bonita no cuenta todo lo que hay que valorar antes de quedarse en un lugar.

Wadi Shab nos gustó menos de lo esperado
Encontramos muchísima gente y nos costó disfrutarlo como nos habría gustado. Llegamos a la cueva final nadando y, con tanta gente en el agua, se nos hizo pesado.
Si volviéramos, nos quitaríamos la idea de tener que llegar hasta el final. Hacer una parte del recorrido puede ser una buena visita. Nos parece más útil decidir según cómo estemos ese día y dejar energía para volver.
Alcanzar la cueva requiere nadar y atravesar un paso estrecho. Haberlo hecho nosotros no lo convierte en un plan adecuado para cualquier familia. Hay que valorar las condiciones del agua, los avisos y la capacidad de cada uno; no seguir solo porque otras personas lo estén haciendo.


Las tortugas de Dimaniyat
Las islas Dimaniyat sí nos encantaron. Vimos delfines al salir y nadamos con tortugas que pasaban muy cerca. Para los niños fue uno de los mejores momentos del viaje.
Los animales están en libertad y otra salida puede ser distinta. Lo que sí depende de nosotros es mantener la distancia y observarlos sin perseguirlos ni tocarlos.


Los paseos que adaptamos y lo que dejamos pendiente
En el interior hicimos paseos a su ritmo. En Jebel Shams dejamos el sendero expuesto para otra ocasión. Bimmah, que habíamos visto en tantas fotos, nos sorprendió menos que otros lugares y nos resultó muy turístico.
Estas son decisiones de nuestra familia. Otra puede disfrutar justo de las paradas que menos nos convencieron o elegir una forma distinta de recorrerlas. Por eso queremos contar también lo que no salió como esperábamos.
El frío que no aparece en las fotos
El abrigo también viajó con nosotros. En la costa tuvimos temperaturas agradables, pero las noches de montaña nos recordaron que Omán no era solo playa y calor. Es una de las cosas que ahora contamos cuando alguien nos pregunta por aquel viaje.
¿Repetiríamos Omán en familia?
Sí. Nos quedamos con la variedad de paisajes, las noches en la tienda, las tortugas y los niños jugando en las dunas. Repetiríamos esa mezcla de visitas y tiempo juntos, con margen para cambiar de plan.
La guía de Omán reúne la ruta y la organización práctica del viaje. Si queréis empezar por una primera mirada a nuestra experiencia, también tenéis la guía gratuita.
