KAIXO MUNDO

Nuestros viajes · Machu Picchu en familia

Machu Picchu con niños:nuestro viaje por Cusco y el Valle Sagrado

Laura e Iraitz · Kaixo Mundo
Viaje de enero de 2025

Los cuatro frente a Machu Picchu, con las montañas entre nubes
Los cuatro en Machu Picchu, enero de 2025. Fotografía de Kaixo Mundo.

Llegamos a Machu Picchu en enero de 2025 con Niko, que tenía cinco años, y Kai, que tenía tres. Habíamos madrugado muchísimo para entrar a las seis de la mañana y ver amanecer entre las montañas. Nos recibió la lluvia y una niebla que lo tapaba todo.

Esperamos casi dos horas. Cuando por fin se abrió el cielo, todo el mundo aplaudió. La vista se había hecho esperar y acabó siendo uno de los momentos más bonitos del viaje.

Si os planteáis visitar Machu Picchu con niños, queremos contaros cómo lo vivimos, qué decisiones nos ayudaron y qué cambiaríamos. Nuestro viaje también pasó por Cusco y el Valle Sagrado: la experiencia empezó bastante antes de subir a la ciudad inca.

Iraitz entre prados y montañas durante nuestro recorrido por el Valle Sagrado
Una pausa entre las visitas del Valle Sagrado.

Cuatro días que formaban parte de un viaje más largo

Recorrimos esta zona durante cuatro días. Veníamos de Atacama y del altiplano boliviano, así que ya estábamos adaptados a la altura. Es importante para entender nuestro ritmo: no es un plan para copiar al aterrizar en Cusco desde el nivel del mar.

Los niños también pueden sufrir mal de altura. Para preparar la llegada conviene consultar la información del CDC sobre altitud y aclimatación. Que nosotros no tuviéramos dificultades no asegura la misma experiencia a otra familia.

Día 1, conocimos Cusco. Día 2, recorrimos el Valle Sagrado. Día 3, el tren nos acercó a Machu Picchu. Día 4, visitamos el recinto. Ese es el esquema del viaje que hicimos; lo que más nos ayudó fue dar a cada parte su propio tiempo.

En Cusco nos impresionaron las piedras de Sacsayhuamán. Una explicación breve de un guía nos ayudó a dejar de ver solo bloques enormes y a imaginar el trabajo que había detrás. Después, las calles, las plazas y San Blas nos mostraron otra cara de la ciudad.

El Valle Sagrado fue una jornada larga. Entre las visitas también hubo paradas para mirar el paisaje y dejar que los niños se movieran. Nos gustaron esos ratos tanto como muchos de los recintos. No todo tenía que ser una explicación o una nueva visita.

Ollantaytambo merecía más tiempo

Esperábamos una parada práctica antes del tren y encontramos uno de los lugares que más nos gustaron: calles de piedra, canales de agua, montañas alrededor y mucha vida en la plaza.

Paseamos, tomamos café y vimos el mercado. Nos habría gustado quedarnos más tiempo. Si volviéramos, le daríamos otra mañana en lugar de verlo solo como el lugar desde donde sale el tren.

Esa es una de las cosas que ahora miraríamos al preparar el viaje: si el horario de un traslado deja disfrutar del lugar donde estamos o nos obliga a marcharnos justo cuando empezamos a conocerlo.

Laura y uno de los niños paseando junto a los puestos de Ollantaytambo
El paseo por Ollantaytambo.
Una calle empedrada de Ollantaytambo entre muros de piedra y montañas
Las calles de piedra de Ollantaytambo.

Organizarlo nos generó más dudas que vivirlo

Al preparar Machu Picchu empezamos comparando demasiadas opciones a la vez. Nos llevó un rato dejar de mirar todas las posibilidades y centrarnos en el viaje que queríamos hacer con los niños. Recordamos las dudas de antes tanto como algunos momentos de la visita.

Nosotros elegimos una visita sin añadir ascensiones a las montañas. Era lo que nos apetecía hacer en aquel viaje. Para comprobar los recorridos y las condiciones actuales, tenéis la información del Ministerio de Cultura.

La parte de reservas y traslados la desarrollamos en la guía de Machu Picchu, Cusco y el Valle Sagrado. Aquí queremos quedarnos con cómo fue vivirlo juntos.

La ventana del tren y la noche previa

Viajamos en tren desde Ollantaytambo. Niko y Kai disfrutaron mirando el valle por la ventana, y nosotros también. El precio nos pareció elevado, pero el trayecto fue parte del viaje.

Llevamos menos equipaje y dejamos la maleta grande en Cusco. Nos simplificó los traslados y fue una de esas decisiones pequeñas que nos vino bien.

Dormimos en Machu Picchu Pueblo la noche anterior a la visita. Nos gustó más de lo previsto: paseamos por el río, las plazas y el mercado, vimos pasar los trenes y terminamos pronto para descansar.

La noche previa nos permitió pasear por el pueblo antes del madrugón. Al día siguiente subimos en autobús; no hicimos la subida andando y no podemos contar cómo se nos habría dado con los niños.

El tren recorriendo el valle hacia Machu Picchu Pueblo
El tren, parte del viaje.
Uno de los niños mirando el paisaje desde el tren
Mirando el valle por la ventana.

El madrugón no aseguró la fotografía

Habíamos elegido la primera hora pensando en el amanecer. Al entrar, las montañas estaban completamente tapadas y durante un buen rato parecía que no íbamos a ver nada.

La espera fue parte de nuestra mañana. No es una duración que debáis copiar ni una garantía de que las nubes se abran. Dentro hay que seguir el recorrido y las indicaciones del personal.

Cuando apareció la vista, el recuerdo del madrugón cambió. Fue una mañana muy especial, pero empezó con lluvia, niebla y bastante paciencia. Por eso no elegiríamos la primera hora solo por la promesa de una fotografía despejada.

Uno de los niños caminando por el recinto de Machu Picchu, con las montañas al fondo
La visita, a su altura.

Qué repetiríamos y qué cambiaríamos

Mantendríamos la noche previa en el pueblo, el equipaje reducido y las pausas durante el Valle Sagrado. Daríamos más tiempo a Ollantaytambo y nos habría gustado completar la visita a Machu Picchu con una explicación breve sobre el terreno.

Sí, repetiríamos este viaje con niños. Nos quedamos con la ventana del tren, los paseos y ese momento en que la niebla dejó ver las montañas. También aprendimos que un recorrido familiar necesita tiempo entre una cosa y la siguiente.

Si os apetece preparar un viaje parecido, la guía completa reúne el itinerario y la organización práctica que acompañan a estos recuerdos.