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Namibia en 4×4 camper:nuestra experiencia en familia

Laura e Iraitz · Kaixo Mundo
Viaje de octubre y noviembre de 2023
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Nuestro 4×4 camper con las camas abiertas en NamibRand Family Hideout
La primera mañana en NamibRand Family Hideout.

En Namibia, el coche llevaba nuestras camas y nuestra cocina. Con él recorrimos el desierto, la costa y Etosha con Niko y Kai. Entre una etapa y otra hubo comidas junto al camper, siestas y tardes de campamento. También un pinchazo y una nevera que dejó de funcionar al final.

Viajamos en octubre y noviembre de 2023. Niko tenía cuatro años y Kai, un año y diez meses. Al recordar aquel viaje, nos vienen a la cabeza los paisajes, pero también todo lo que pasaba alrededor del coche. Esa vida cotidiana fue una parte muy grande de nuestra experiencia.

Una casa para los cuatro

Nuestro camper tenía dos camas, cocina lateral y techo elevable. Iraitz y Niko dormían abajo; Laura y Kai, arriba. Montar y recoger formaba parte de cada jornada.

Nos gustó llevar nuestra casa con nosotros, aunque no era lo mismo que llegar a una habitación preparada. Había equipaje que ordenar y ropa que encontrar dentro de un espacio compartido. La vida al aire libre venía con esas pequeñas tareas.

El primer día se nos hizo largo

La explicación del coche, la preparación y la compra ocuparon más tiempo del que habíamos previsto. Salimos tarde y acabamos conduciendo de noche. El acceso final al alojamiento tampoco fue sencillo.

Eso lo cambiaríamos. Habíamos pensado más en empezar la ruta que en todo lo que pasaba antes de ponernos en marcha. Ahora dejaríamos más margen para llegar de día.

Despertar entre dunas

Después de aquella llegada, despertamos prácticamente aislados entre las dunas de NamibRand. Preparar la comida junto al coche, pasear y dejar tiempo para jugar fue una de las maneras de viajar que más recordamos.

El campamento también era parte del viaje. No siempre necesitábamos salir a buscar otra actividad: estar allí ya nos daba una tarde que queríamos disfrutar.

La cocina también viajaba con nosotros

La cocina exterior nos permitía preparar la comida mientras los niños estaban en la zona de descanso. Nos ayudó a adaptar las comidas al hambre y a las siestas.

Esos ratos junto al coche cuentan menos que los grandes paisajes cuando enseñamos las fotos, pero ocuparon muchas horas del viaje. Namibia también fue eso: comer, recoger y seguir viviendo entre una visita y la siguiente.

Nuestro camper con la cocina lateral, el toldo y la mesa preparados
Cocina, toldo y mesa: la vida junto al camper.

Las pausas seguían haciendo falta

Niko y Kai necesitaban siestas y tiempo para jugar aunque las camas fueran con nosotros. Nos funcionó quedarnos varias noches en algunas bases y tener jornadas sin cambiar de campamento.

Hubo piscina, paseos por las rocas y comidas a su ritmo. También pasamos parte del viaje en una casa, fuera del coche. Combinar las dos cosas nos vino bien; no necesitábamos dormir en el camper todas las noches para disfrutarlo.

Laura y uno de los niños en la piscina entre las rocas de Madisa
Tiempo para parar en Madisa.

El pinchazo que también recordamos

Tuvimos un pinchazo cerca de Walvis Bay. No es la imagen con la que empezaríamos a contar Namibia, pero también forma parte de lo que vivimos.

Nos quedamos con una idea sencilla: antes de salir hay que entender el equipo y saber a quién llamar si algo falla. Las indicaciones deben ser las de la empresa para ese vehículo y su carga, no las de otro viajero.

Nuestro camper recorriendo una carretera entre paisajes desérticos de Namibia
Las etapas de carretera también forman parte del viaje.

Una nevera que dejó de funcionar

En los últimos días falló la nevera. Después de acostumbrarnos a llevar la cocina con nosotros, fue otra de las cosas que no salió como esperábamos.

La empresa nos compensó, aunque eso fue lo que ocurrió en nuestro alquiler y no una solución que podamos asegurar a otra familia. También queríamos contar esta parte menos bonita del viaje.

Lo que nos dejó vivir en el coche

Nos gustó tener una casa que viajaba con nosotros y poder pasar una tarde en el campamento sin buscar otro plan. Al mismo tiempo, compartir ese espacio durante semanas requería ordenar, recoger y adaptarnos.

Con menos días recortaríamos lugares antes de concentrar todo el recorrido. Llevar las camas no hacía más cortas las carreteras ni eliminaba el cansancio.

Nuestra familia junto al camper y la mesa del campamento en Spitzkoppe
Una tarde de campamento en Spitzkoppe.

¿Repetiríamos Namibia en camper?

Sí. Por las mañanas entre dunas, las comidas junto al coche y las pausas en los campamentos. Lo prepararíamos con más margen al empezar y conservaríamos los días en los que no tocaba irse a otro sitio.

Si os apetece un viaje parecido, la guía de Namibia reúne la ruta y la organización práctica que acompañan a estos recuerdos. También podéis conocer nuestra experiencia en la guía gratuita.